PROMESA

PROMESA

miércoles, 1 de julio de 2015

ENTRENAMIENTO PARA EL COMBATE- PASO #5


Establecimiento de los "Escuadrones de Misiones especiales" 

En la época de la guerra del Vietnam existió un grupo especial del Ejército de los Estados Unidos, llamado popularmente: "Los boinas verdes". Estos eran soldados preparados bajo un entrenamiento especial para misiones especiales. Su labor; entra en territorio enemigo para capturar a sus oficiales de alto rango, bombardear una planta de combustible o una fábrica de municiones. Ellos siempre estaban arriesgando la vida y haciendo el mayor daño posible a su adversario.
 Este grupo americano es tan solo un prototipo de lo que en la Guerra Espiritual Estratégica constituyen los Escuadrones de Intercesores que ejecutan el plan de sus líderes o generales de oración bajo el respaldo de los equipos de oración. 
 A estos guerreros o intercesores en misiones especiales también llamados: "Los Ejecutores de Dios" o Escuadrones de Misiones especiales". Son los encargados de hacer cumplir las órdenes de sus generales, quienes al interpretar su plan de ataque espiritual bajo el estudio de quienes al interpretar su plan de ataque espiritual bajo el estudio de sus mapas elaborados los envían con comisiones de oración específica. 
Estos intercesores deben ser: 

Consagrados y humildes  
   
1. Muy buenos intercesores y ayunadores  
2. Maduros y versados en La Palabra  
3. Muy sumisos y sujetos a la Autoridad Delegada  
4. Prudentes y Callados  
5. Conocedores de los principios de la Guerra Espiritual  
6. Específicos en su accionar  
7. Muy obedientes  

Los Escuadrones de Misiones Especiales muchas veces harán lo mismo que el pueblo en general pero por lo general son los guerreros de oración de confianza de sus líderes para ejecutar acciones importantes contra las fortalezas del diablo.  
Por esto debemos prepararnos, cuando Pablo dice en Efesios 6.11 “vestíos de toda la armadura de Dios”, quiere decir exactamente eso: tenemos que ponernos siempre cada pieza de ese equipo de una manera deliberada y meticulosa. Si entramos al campo de batalla sin protección, nos convertimos en blanco fácil del ataque del enemigo.
Por tanto, miremos cada pieza que aparece en Efesios 6.13-17, para ver lo que hace y cómo podemos ponérnosla. Yo sugeriría que nos pongamos una pieza a la vez, de arriba abajo. Esto es lo que yo hago todas las mañanas. Examino cada pieza de la armadura, y me recuerdo a mí mismo su propósito tan pronto como salgo de la cama.
Imagine, primero, un hermoso casco, y piense que se lo pone en la cabeza, mientras dice: “Señor, elijo ponerme el yelmo de la salvación hoy para proteger mi mente. Quiero pensar sólo lo que tú pienses, Señor. Quiero darte las gracias, porque cada vez que Satanás me envíe uno de sus pensamientos, este yelmo de la salvación protegerá mi mente”.
Hay que recordar que la batalla comienza en nuestra mente; ésta es la zona de combate de Satanás. La batalla puede deslizarse después hacia nuestras emociones y acciones, pero siempre comienza con nuestros pensamientos. Por consiguiente, nuestra mente debe ser protegida todo el tiempo.
Imagine, después, una gran pieza de armadura corporal, y diga: “Señor, elijo ponerme la coraza de justicia que proteja mis emociones. Quiero sentir sólo lo que tú sientes. No permitas que reaccione de acuerdo con mis emociones, sino que responda basado en la verdad que hay en mi mente”. Esto es importante, porque muchísimas personas están a merced del temor, de la ansiedad, de las tentaciones o de otras influencias negativas. Si usted permite que le dirijan donde ellas quieren, su vida espiritual experimentará una derrota total.
En tercer lugar, cíñase el cinturón de la verdad, y diga: “Señor, elijo ponerme la verdad, porque anhelo permanecer centrado en tu Palabra. Quiero vivir en la verdad, andar en la verdad, y dar testimonio de la verdad”. Cuando estamos familiarizados íntimamente con las Escrituras, no podemos ser engañados por las mentiras de Satanás. Las falsas enseñanzas son desechadas cuando sometemos al filtro de las Escrituras todo lo que oímos.
En cuarto lugar, piense en sus pies y ore, diciendo: “Señor, elijo ponerme el calzado de la paz. Dondequiera que vaya hoy, quiero ser un pacificador. Quiero que mis pisadas sean evidencia de la paz que tengo en el Espíritu Santo”. El calzado de los soldados romanos tenía largas púas debajo de las suelas para ayudarles a plantar sus pies firmemente en el suelo. Del mismo modo, nosotros podemos, con el calzado de la paz, afianzar confiadamente nuestros pies sobre la base de Jesucristo.
En quinto lugar, imagine ese gigante escudo romano, del tamaño de una puerta, y diga: “Señor, tomo el escudo de la fe. Quiero darte las gracias porque, no importa cuántos dardos encendidos me lance el enemigo hoy, no importa cuántas pruebas o tentaciones pueden venir, puedo estar a salvo detrás de la enorme protección de la fe”. Recuerde que la fe es una fuerza poderosa que marca la diferencia entre el fracaso y el éxito, entre la amarga derrota y la victoria.
Por último, rodee sus dedos con la Palabra de Dios, y diga: “Señor, elijo tomar la espada del Espíritu, tu santa Palabra. Padre, gracias por esta arma espiritual que penetra tan profundamente para hacer que haya convicción y arrepentimiento”. La Biblia, nuestra única arma, es a la vez defensiva y ofensiva. Nos permite desviar los golpes del enemigo, y traspasa el corazón del hombre pecador. La victoria depende de tomar la Escritura y saber bien cómo usarla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario