PROMESA

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miércoles, 1 de julio de 2015

AMAPOLAS ALTAS- DANTE GEBEL


"¿Quiénes son los héroes de esta nación? –Preguntó un orador en una Universidad de Australia- ¿Los próceres? ¿Los jugadores de fútbol?"
“Aquí en Australia no hay héroes”, le respondieron, es un tabú cultural ser reconocido, lo llamamos “el síndrome de la amapola alta”. Una dinámica social que cualquiera que resalta, es cortado por la masa. Por alguna razón si alguien resalta de la mayoría, nos produce inseguridad y desconfianza.

Cuando escuché esta historia, a mi se me ocurrió que en América latina también muchos padecen ese mismo “síndrome de la amapola alta”. Enseñamos a nuestra gente a ser buena, pero no las inspiramos a la grandeza. 
Tienen miedo a que Dios bendiga demasiado a alguien y “sospechan” de aquel al que Dios bendice demasiado. A tal punto que escuché decir: "Debe tener un pacto con el diablo"; como dándole mayor crédito al enemigo que al Señor.
Por eso la primera frase que aparece es: “¿Y en dónde quedó la humildad? Eso es nada mas que vanagloria!”
Esa “falsa humildad” se debe al “síndrome de la amapola alta”. La verdadera humildad es compatible con la grandeza, la fortaleza, la estima sana, la cosecha proveniente de una buena siembra (y no hablo necesariamente de dinero).
Humildad no es sentirse pequeño, denigrado o insignificante. Humildad es reconocer la fuente de la grandeza, como lo dijo Nabucodonosor al recobrar su razón: “En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí…y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. Ahora yo alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos…” Tuvo mayor grandeza aún, pero ahora RECONOCIA de donde provenía y le daba la gloria a Dios.

¿No fue Dios quien nos creó y nos dio las habilidades? ¿Cuando nuestro hijito anota un gol decimos: “¿Me está robando mi gloria?” Claro que no! Decimos: "¿Vieron ese gol? ¿Saben de quien hijo este niño? Es mío!"
No escuches a los que sufren el síndrome de la amapola alta, Dios está muy orgulloso de ti y se alegra por ti. El te dio esas habilidades, te regaló los talentos y te dotó con esos dones.
Por mucho tiempo traté de ocultar las bendiciones de Dios para que algunos inseguros no criticaran. Pero un día, el Señor me exhortó a que jamás deje de contar y testificar sus bendiciones, porque son muchos más los que se alegran y se desafían, que los que quieren cortar a las amapolas altas.

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