PROMESA

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jueves, 2 de abril de 2015

NÚMERO 3

El número 3 aparece 467 veces en la Biblia. El 3 demuestra combinación en el sentido de unidad, como en la Trinidad: Padre Hijo y Espíritu Santo. Este es un número especial asociado con la Divinidad.
Tres veces los serafines claman «Santo, santo, santo», por cada una de las tres personas de la Trinidad (Is. 6:3); también los cuatro seres en Apocalipsis 4:8. Tres veces es dada la bendición en Números 6:23-26. En estas bendiciones, el nombre del Señor aparece tres veces. Jesucristo es mencionado como aquel «que es, y que era y que ha de venir» (o ser) y como «el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra» (Ap. 1:4-5). Aquí el Señor es presentado como el divino Profeta, Sacerdote y Rey, que muestra la perfección de Sus cargos, levantado de entre Sus hermanos (Dt. 17:15; 18:3-5 y 18:15).
El evangelio de Cristo es visto de forma triple: la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo. Él salva del pasado, santifica para el presente y glorifica en el futuro a través de la regeneración, transformación y transfiguración. Más aún, Su gran cuidado pastoral lo identifica como: el «Buen Pastor» en la muerte (Jn. 10:14), el «Gran Pastor» en la resurrección (Heb. 13:20), y el «Príncipe de los pastores» (1° Pedro 5:4).
Son tres los predicados de Dios: «Dios es amor» (1º Jn. 4:8, 16). Nosotros debemos, por tanto, «andar en amor» (Ef. 5:2). «Dios es espíritu» (Jn. 4:24). Somos exhortados a «andar en el espíritu» (Gál. 5:16). «Dios es luz» 1º Jn. 1:5). Nosotros debemos «andar en la luz».
El tres es llamado «número divino» por ser mencionado con frecuencia en relación con las cosas santas: «El Espíritu, el agua y la sangre» son los testigos divinamente perfectos de la gracia de Dios en la tierra (1º Jn. 5:18). La forma bautismal tiene carácter triple (Mt. 28:19). Tanto el templo como el tabernáculo estaban constituidos por tres partes: el atrio, el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. Asimismo, el hombre tiene tres partes: cuerpo, alma y espíritu. (1º Ts. 5:23). Los dones de la gracia son tres: Fe, esperanza y amor, repetidos cinco veces.
Puede percibirse la naturaleza triple de la tentación, en Juan 2:16: «los deseos de la carne», «los deseos de los ojos», y «la vanagloria de la vida». Esto se manifestó en nuestros primeros padres, cuando Eva vio (Gn. 3:6) que el árbol del conocimiento del bien y del mal era «bueno para comer», «agradable a los ojos», «codiciable para alcanzar la sabiduría». Contra esta triple naturaleza de la tentación, «el último Adán», cuando era tentado por el mismo tentador, repitió tres veces las palabras «está escrito».
Los tres enemigos del hombre son: el mundo, la carne y el diablo. El mundo se opone al Padre (1ª Jn. 2:15,16). La carne se oponen al Espíritu (Gál. 5:17). El diablo se opone al Hijo (la Palabra viva, Mt. 4:1 y Jn. 3:8; y la palabra escrita, Jn. 8:44).
El tres es también el número de la plenitud y perfección divinas. Si en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad (Col. 2:9), ¿Cuál es, entonces, la medida de Jesucristo? Es interesante observar que la palabra «plenitud» es notable, apareciendo sólo tres veces y siempre en relación con la Deidad: «la plenitud de Dios» (Ef. 3:19), «la plenitud de Cristo» (Ef. 4:13), «la plenitud de la Deidad» (Col. 2:9).
En relación a la plenitud divina, el número tres sugiere llenura, perfección divina. Por ejemplo, los tres hijos de Noé (Gn. 6:10); los tres amigos de Job (Job. 2:11); los tres invitados de Abraham (Gn. 18:2); los tres amigos de Daniel (Dn. 3:23). En la Biblia podemos ver, también el triple llamado de Samuel (1° S. 3:8); las tres oraciones de Jesús en el Jardín de Getsemaní; las tres oraciones de Pablo por causa del aguijón en la carne (2 Co. 12:8), las tres negaciones de Pedro y la pregunta triple del Señor a Pedro.
En un gran número de pasajes, el número tres es usado para expresar períodos de fe. Tres noches de vigilia, tres días; tres semanas; tres meses y tres años (verifique Jc. 7:19; Gn. 40:12, 13, 18; Éx. 2:2; Is. 20:3; Jn. 1:17; Mt. 15:32; Hch. 9:9; 2 Co. 12:8). Jesús fue crucificado en la hora tercera y hubo tres horas de tinieblas cuando él estaba en la cruz. Su gran tentación en el desierto vino de manera triple (Lc. 4:3-10). El testimonio divino relativo a nuestro Señor fue completado en la voz triple que vino del cielo (Mt. 3:17; 17:5; Jn. 12:28). Las inscripciones en la cruz en tres idiomas, muestran su completo rechazo por el mundo. El mundo es aquí representado de tres maneras: por la religión hebrea, por la cultura griega y por el poder militar romano, simbolizando el contexto religioso, el cultural y el político.
El número tres también representa la resurrección.
 Jesús dijo: «Como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches» (Mt. 12:40). En Juan 2:19, él dijo a los judíos: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». En el verso 21 Jesús dice que él está hablando del templo de su cuerpo. Como fue predicho, Jesús resucitó de la muerte en el tercer día. Jesús resucitó a tres personas cuando estuvo en la tierra. En el Antiguo Testamento, hay registrados también tres casos de personas resucitadas (1º R. 17:9-24; 2º R. 4:18-35; 2º R. 13:21). Es interesante observar que hubo un total de seis personas resucitadas. Estas seis resucitaron, sin embargo murieron nuevamente. El séptimo resucitado fue el propio Señor Jesús, y a través de su resurrección toda la humanidad puede resucitar otra vez. Él jamás murió de nuevo, como en el caso de los seis, sino que vive triunfante para siempre.
Otro tipo de la resurrección es visto en «la jornada de tres días por el desierto» del pueblo de Israel antes de atravesar el Mar Rojo. Estos tres días transcurrieron inmediatamente después de la muerte del Cordero Pascual en aquella noche memorable e histórica. Leemos en Éxodo 14:27: «Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza...» Esto es, cuando el día nació. Israel había salido de la sepultura del agua y estaba irguiéndose, típicamente, en la resurrección. Ahora comparemos este incidente con aquel que está registrado en Mateo 28:1: «Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro». El registro continúa diciendo que ellas encontraron el sepulcro vacío y que les fue dicho por los ángeles que él había resucitado de los muertos. Tenemos, entonces, el tipo y el antitipo: tres días después de haber sido muerto el Cordero Pascual, los israelitas atravesaron el Mar Rojo, y tres días después que Cristo, nuestra pascua (1ª Co. 5:7), fue crucificado, resucitó de los muertos.
Tres veces las aguas del Jordán fueron partidas (Jos. 3; 2º R. 2:6-8; 2º R.2:13-14). En la jornada de Egipto a Canaán, los hijos de Israel tuvieron que pasar por el Mar Rojo y el Jordán. En la tipología, el Mar Rojo y el Jordán hablan de la muerte y de la resurrección de Cristo y con Cristo; sin embargo, el primer día hace énfasis en la liberación de Egipto, y el segundo en la entrada a la tierra.
Jesús habló tres veces respecto de aquellos que creen en él: «Yo lo resucitaré en el día postrero» (Jn. 6:40, 44, 54). Tres veces la resurrección del pueblo del Señor está ligada con el regreso de Cristo (1ª Co. 15:22-23; Fil. 3:20-21; 1ª Ts. 4:16).

Es fácil ver la ligazón entre el número tres y el número de la Trinidad, y ese mismo número tres como el número de la resurrección. Padre, Hijo y Espíritu hablan plenamente de Dios. El tres es, por lo tanto, el número de la manifestación. Por otro lado, la resurrección es claramente aquella obra de él donde el poder humano llega a su fin; Cristo resucitó de los muertos al tercer día, «que fue declarado (manifestado) Hijo de Dios con poder... por la resurrección de entre los muertos».

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