PROMESA

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jueves, 19 de septiembre de 2013

TEMPLANZA

Templanza significa moderación, sobriedad, continencia, autodominio. Consiste en aplacar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos. Es el contralor conque el hombre debe utilizar los bienes materiales, de manera particular la comida, la bebida y los apetitos sexuales.
La palabra griega para templanza es "sofrosyne", la cual señalaba la discreción y moderación que debía tener un rey en la administración de sus posesiones.
El dominio propio o templanza es retener los deseos en estado normal, perfectamente natural, bajo los límites establecidos por Dios.
Todo siervo de Dios debe cultivar el fruto de la templanza.
El autodominio nos lleva a ser mesurados y disciplinados en el control de nuestras fuerzas interiores, impulsos, instintos y apetitos.
La vida cristiana es un campo de batalla en donde tenemos que pelear contra enemigos tanto externos como internos. Y es sumamente importante que cooperemos con el Espíritu Santo en esta cruenta batalla entre las tuerzas de justicia y las tuerzas del mal que pugnan por el dominio de nuestra personalidad. Por eso es que la Palabra de Dios insiste: "Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia" 2ª Pedro 1:5-6.
Existen varios aspectos de nuestro ser en que debernos cultivar el dominio propio.
A) - Dominio de los apetitos
Se denominan apetitos a los deseos producidos por la naturaleza física. Son los deseos del cuerpo tales como los deseos de alimento y bebida, el deseo del sexo, el deseo de compañerismo, el deseo de vivir, el deseo de conservarse, etc.
Estos deseos son naturales y esenciales para el bienestar y existencia del cuerpo. Todos los seres de la creación, tanto los animales corno el hombre, tienen estos instintos.
Dios los ha colocado para la preservación y propagación de la vida. Son normales, buenos y correctos. La lucha nuestra está en mantenerlos en los cauces establecidos por Dios. Muchos han sufrido tantos fracasos en esta lucha que han llegado a la conclusión de que estos apetitos son pecaminosos. Pero no lo son. Son perfectamente normales. Mas, tienen que ser controlados, disciplinados y sujetos en su estado natural o normal. El exceso convierte en malas todas las cosas buenas Hacer con exceso alguna cosa, o dejar de hacerla, son extremos que pueden llegar a causar mucho daño.
Todos los seres creados por Dios tienen deseos de alimento, bebida, reproducción y preservación. La naturaleza física requiere estas cosas, porque sin ellas la vida no tendría significado. Los animales jamás desprecian o ignoran estos apetitos, y en contadas ocasiones se exceden de los límites. Pero, el hombre, con inteligencia, con libre albedrío, el ser más elevado de la creación, que debiera comprender perfectamente el valor real de estos deseos, o los ignora, o les da una importancia excesiva. La mayor parte de nosotros los estima en exceso
Estos instintos gobiernan o esclavizan a muchos seres humanos. ¡Sólo viven para comer, beber, drogase o para sus anhelos carnales! La pasión por obtener estas cosas los lleva a trabajar, luchar, esforzarse; e inclusive les puede conducir al delito. Muchos utilizan más energía, tiempo y dinero, en satisfacer estos apetitos, que el que emplean en satisfacer sus deseos intelectuales y espirituales.
La templanza nos obliga a respetar estos apetitos porque son puestos por Dios y necesarios para la vida, así como a mantenerlos en su estado normal.
B) - Dominio del cuerpo
El cuerpo es la habitación terrena del hombre. En él vive. Pero además, para el creyente regenerado, es el templo del Espíritu Santo.
- El cuerpo es la principal herramienta para todas sus actividades. Todo lo que hace lo realiza con el cuerpo o por medio del cuerpo. En el cuerpo mora la mente la cual forja los planes e imparte órdenes para su ejecución.
En todas las épocas de la historia han existido personas que desprecian al cuerpo y que lo someten a vergonzoso tratamiento, esto es corrupto y pecaminoso. Personas hay que descuidan su cuerpo por ignorancia, no sabiendo que esta delicada máquina precisa un esmerado cuidado. Aun están los que torturan sus propios cuerpos para conformarlos a algún modelo de belleza, o par a purificarse o perfeccionarse en cumplimiento a extraños ritos religiosos.
Hoy, con los notables avances de la ciencia, casi lodos los hombres conocen normas de higiene A los niños desde pequeños se les enseña cómo cuidar sus cuerpos. Sin embargo, la indiferencia y el descuido son todavía muy comunes.
Es necesario alimentar el cuerpo, él lo precisa; pero no en demasía. Cuando se come de más, se cae en el pecado de la glotonería. El agua es imprescindible para beber; pero el que toma bebidas embriagantes que debilitan los nervios y entorpecen el razonamiento, se está destruyendo a si mismo. Necesitamos alrededor de ocho horas diarias para descansar con el fin de reponer energías, pero el que duerme de más, entra en el perjudicial hábito de la pereza o haraganería.
La mente, y no el instinto, debe gobernar el cuerpo. EI barco es guiado por el timonel, el cual dirige a su gusto todos los movimientos de la nave. De igual manera nuestra mente debe dirigir todo el movimiento de nuestro cuerpo
¡Cuán importante es tener una mente consagrada a Cristo! 
"Mas nosotros tenemos la mente de Cristo" 1ª Corintios 2:16.
Los animales son gobernados por sus instintos, comen y beben a su satisfacción y en general sin excederse. Pero el hombre, señor de la creación, tiene una constitución diferente. El tiene que pensar acerca de su comida o bebida. Sabe como no debe dejarse dominar por sus apetitos, sino que éstos deben ser gobernados, disciplinados y dirigidos por la inteligencia. EI cuerpo debe ser nuestro sirviente, no nuestro amo. El es totalmente del Señor. Debe ser guardado irreprensible: "Y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo" 1ª Tesalonicenses 5:23.
Vivimos hoy en una de las épocas más corruptas en la historia de la humanidad Jesús dijo que como en los días de Sodoma y Gomorra, así será en los días de la Venida del Hijo del Hombre. Los pecados sexuales están hundiendo a muchas personas en el fracaso y la tristeza. Por causa de la fornicación y el adulterio, hogares se destruyen, matrimonios terminan en el divorcio, con las trágicas consecuencias que todo ello acarrea. Las relaciones sexuales son buenas y correctas dentro del matrimonio; pero practicarlas antes o fuera del matrimonio son pecaminosas, producen funestas consecuencias, y al final llevan a la condenación.
El creyente disciplinado, que controla sus apetitos físicos, siempre es el que lleva el premio en la carrera cristiana. Es necesario luchar intensamente contra los "deseos carnales que batallan contra el alma
1ª Pedro 2:11.
Sólo el poder del Espíritu Santo puede controlar todas las facetas de nuestra personalidad.
C) - Dominio de los deseos egoístas
El egoísmo es un intenso deseo de poseer alguna cosa, o de hacer algo que redunde en beneficio propio. Este deseo es personal, y se sobrepone a toda consideración hacia los demás.
Desear tener o poseer algo es una cosa correcta y legítima, pero no debe ser la única consideración. Cuando nos olvidamos de los demás y pensarnos sólo en nosotros mismos nos convertirnos en seres mezquinos.
Instintivamente nos sentimos obligados a dividir con los necesitados las bendiciones de que disfrutamos. Un muchacho no se comerá toda la torta mientras un niñito se sienta a sus pies mirándolo con ojos hambrientos y boca entreabierta, tendrá que dividir su torta movido por su generosidad.
- La codicia o ambición es el desmesurado deseo de tener honores y ganancias. Una ambición exagerada puede llevar al desastre, vergüenza y ruina. La codicia impulsó a Lucifer a querer ocupar el trono de Dios.
D) - Dominio de las emociones
Todos los seres humanos son emocionales. Algunos más que otros. Todos poseen sentimientos de gozo, de tristeza, de temor, de odio, de amor. Hay quienes demuestran con libertad sus sentimientos; otros los reprimen sosteniendo que demostrar las emociones es señal de debilidad.
Muchos consideran que la emoción no debe reprimirse sino exteriorizarse, pues piensan que no es sano anular las emociones.
Es un error llegar a cualquiera de estos extremos.
Todos los sentimientos han de ser regulados. El estoico debe cultivar sus emociones, y el demasiado emocional debe disciplinarlas y controlarlas.
La más elevada de las emociones es el amor. Pero el amor debe ser regulado por el buen juicio. Si no se controla puede transformarse en pasión, y la pasión es irracional, no piensa, no calcula, no razona; se deja llevar por el impulso.
La indignación es una emoción correcta dentro de sus límites. Podemos indignarnos contra el pecado, la corrupción, las injusticias; pero cuando se le da rienda suelta puede transformarse en ira, la ira en furia, y la furia en odio ciego y desenfrenado.
No debemos permitir que "se ponga el sol sobre nuestro enojo" Es preciso odiar y rechazar al pecado, pero no a los pecadores.
El Señor nos manda a amar a nuestros enemigos, hacerles el bien. La razón de este mandato es que si nos dejamos dominar por las pasiones, el mundo se convertiría en un infierno, y el corazón del hombre se llenaría de veneno mortal.
Quién se somete al Espíritu Santo llega a ser una fuente de amor, paz y comprensión. Sus emociones estarán dirigidas por un poder superior, y serán vínculos, de comunión y hermandad
- Dominio sobre los pensamientos y palabras.
La mente llega a ser muchas veces un verdadero campo de batalla. El enemigo con frecuencia trata de penetrar en el receptáculo de nuestro cerebro para sembrar malos pensamientos. 
¿Cómo vencerlos? ¿Cómo lograr expulsarlos? 
Pues, haciendo lo bueno y agradable delante del Señor. Cuando los malos pensamientos nos asalten pongámonos a leer la Biblia o un buen libro cristiano, busquemos a Dios en oración, arrodillémonos y abramos el corazón para que el cielo nos inunde; hagamos un acto de bondad, visitemos un enfermo; o sencillamente comencemos a cantar. Dios habita en medio de la alabanza. La alabanza hace huir al diablo.
Hay personas que creen que no son responsables de sus pensamientos. Pero es un fatal error. Lo que somos es el resultado de nuestros pensamientos Si no los dominamos nos causarán muchos problemas, ya que los pensamientos y los deseos están íntimamente unidos. Los pensamientos producen palabras, las palabras acciones, y las acciones hábitos.
Un pensamiento acariciado produce Intención, deseo de satisfacerlo ¡Dominad vuestros pensamientos! ¡Es realmente malo pensar lo malo! Si permitimos que los pensamientos malvados nos esclavicen tendremos muchos inconvenientes La paz huirá del corazón, la felicidad será destruida, el hogar sufrirá calamidades y el final será una ruina total.
F) - Dominio sobre la imaginación.
- La imaginación es la representación ideal de cosas reales o imaginarias. Algunas personas tienen poca imaginación, otras, en cambio, poseen una imaginación tan grande que viven en un mundo irreal y fantasioso.
Los temores imaginarios destruyen la paz interior, provocan ansiedad, perjudicando y debilitando el organismo.
Gran parte de la miseria humana no viene como el resultado de los problemas del momento; pero si de la imaginación de ellos. No hay preocupaciones que puedan torturar tanto la mente o desgastar más los nervios que las preocupaciones imaginadas. Esto implica que las quejas, molestias y perturbaciones son de la propia invención de la mente y solamente pueden ser anuladas por un cambio de actitud y por una transformación decisiva del pensamiento
"La preocupación es como un anciano encorvado bajo una carga de plumas que él imagina de plomo".
El temor natural es beneficioso, lodos los animales sienten temor. El temor avisa de la cercanía del peligro y les obliga a buscar refugio. Pero el espíritu temeroso es una calamidad, un engendro infernal, que roba la paz y hace que la vida sea un verdadero tormento. El temor quita la iniciativa, apaga el entusiasmo y es la antesala de la derrota. El Señor "no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio"2ª Timoteo 1:7. La templanza nos ayuda a vencer toda clase de miedo pues tenemos una roca firme en quién confiar Cristo nuestro dulce pastor nos cuidará siempre. El Consolador, el Espíritu Santo, estaría con nosotros todos los días de nuestra vida.
Pero, además, están las esperanzas imaginarias que pueden también causar desánimo. Toda buena esperanza debe tener su fundamento en la razón y en la Palabra de Dios. Existen cristianos que viven en un mundo ideal de fantasías y quimeras. Están pensando en logros y conquistas que no tienen fundamento en las Sagradas Escrituras. Viven de sueños e ilusiones, fabricando constantemente castillos en elaire en medio de un permanente misticismo. Su Imaginación vuela, vuela, para luego darse cuenta que los pensamientos irreales con solamente vanidad.
G) - Dominio de los deseos espirituales.
El más importante mandamiento es amar a Dios con todo nuestro corazón, nuestra alma, nuestras tuerzas; y el segundo es amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Estos dos mandamientos son básicos para realmente disfrutar de una positiva vida espiritual. En estos dos mandamientos descansa toda la ley divina y son la síntesis de todo lo que han dicho los escritores sagrados sobre nuestra conducta como hijos de Dios.
Los deseos espirituales están indisolublemente unidos a nuestra devoción personal al Señor ya nuestro servicio y aprecio al prójimo.
Todos deseamos ser más buenos, más útiles, más consagrados. El anhelo de ser una bendición para nuestros semejantes es razonable y espiritual. Vivimos en un mundo sujetos a las mismas experiencias, los goces y las tristezas sobrevienen a todos. El Señor nos manda: gozad con los que se gozan, llorad con los que lloran. Tenemos que identificamos con las necesidades de nuestro prójimo para tratar de ayudarle. El interés que sentimos el uno para con el otro es altamente espiritual.
La religión verdadera nos lleva a servir a los huérfanos, viudas, enfermos, presos; en fin, a los necesitados y desafortunados. Mas, este deseo debe ser controlado por la razón, la sabiduría y el Espíritu Santo. Anhelar realizar buenas obras está correcto. Hacer el bien sin cansarnos es una loable virtud. Pero no debernos olvidar que la labor prioritaria de la iglesia es "ir por lodo el mundo anunciando el evangelio a toda Criatura, lo fundamental es esto, sin dejar de hacer aquello.
Existen denominaciones cristianas que tuvieron un excelente comienzo, evangelizando, ganando almas para Cristo, pero paulatinamente se han inclinado decididamente por la obra social, olvidando por completo que la iglesia existe en el mundo para ganar a los perdidos.
En el ejercicio de los dones del Espíritu Santo, es de primordial Importancia que se manifiesten bajo el fruto del dominio propio.
Es preciso tener cuidado en no errar en su ejercicio. La Palabra de Dios tiene normas y reglamentos dentro de los cuales deben operar los dones, y todo cristiano que desea ser eficaz en el ministerio de los dones tendrá su corazón dispuesto a encauzarlos de acuerdo a los sabios consejos de las Sagradas Escrituras.
Tenemos estos tesoros de Dios, los dones, talentos y facultades, en vasos de barro. Debemos ser vigilantes, alertas y precavidos, para no errar en el blanco. De ahí que es tan necesario cultivar una intensa vida devocional de comunión con Cristo, buscando siempre su dirección para que todo lo que hagamos sea para provecho y beneficio de su obra.
H) - Dominio propio: Batalla que dura toda la vida.
La moderación es la llave maestra del dominio propio. No debemos hacer nada malo, y lo bueno que hagamos, hagámoslo con moderación. El exceso generalmente es tan perjudicial como el mal hacer.
Se puede comer, dormir, beber con moderación. Todas estas cosas son naturales, buenas, imprescindibles. Pero, cuando se exceden de sus límites, acarrean muchas dificultades que llevan al desprestigio. Por lo general no nos gustan los extremismos, no nos merecen ni seguridad ni confianza.
Para poder gozar del fruto de la tolerancia necesitamos la imperiosa ayuda del Espíritu Santo. Es una tarea difícil pues durante toda la vida tenemos que luchar por ser moderados. Desde la juventud hasta la vejez debemos esforzarnos en pos del dominio propio. Es una batalla encarnizada en contra todos los dardos de luego del maligno. Todas las virtudes cristianas pueden conquistarse, todas las debilidades y los malos hábitos pueden vencerse. Si nos dejamos llenar por el Espíritu Santo, la templanza brotará de nuestro corazón como una fragante y delicada flor.
Querer es poder. Si dependemos de Dios y colaboramos con el Espíritu Santo, la templanza será una realidad Imprescindible es poner nuestra voluntad en el logro de tan loable conquista. La voluntad es el poder dominante de la mente. Todo lo que nos proponemos hacer con la ayuda del Señor lo haremos! "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" Filipenses 4:13. Todos deseamos corregir nuestros errores, hacer el bien y resistir el mal.
La moderación produce una profunda fortaleza interior, ella es parte de la cosecha del Espíritu que debemos anhelar celosamente. Si somos templados gozaremos del respeto y confianza de los demás, tendremos un exitoso testimonio y el ministerio que el Señor ha colocado en nuestras manos será coronado por el éxito

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